La influenza AH1N1 si mata: se llevó a Aurora.
Lunes 30 de Enero de 2012 hrs.
Corría el año de 1970 y tantos, cuando hablé por primera vez con Aurora Berdejo Arvizu y fue en Excélsior. Era ya entonces una promesa del periodismo mexicano. Era una joven impetuosa, inteligente, aventada y respetada en el medio. Yo, era una estudiante.

Éramos muy jóvenes, una más que otra. Ella ya tenía cimientos en estas lides y  yo, apenas comenzaba. Ella ya sabía al revés y derecho el manual del oficio. Yo, me desquiciaba aprendiendo de los que sabían. Pero, estaba yo en Excélsior, que caray!

Ella era una mujer que no temía a nada, o casi a nada y yo, era una jovencita tímida e insegura. Tendría que recordar a alguno que otro compañero de esa época, auxiliándome más de una vez para lograr una nota o entrevista. Y Aurora no fue la excepción.

Era también, apasionada y pasional. Ella sabía tomar el mando, sutil y llanamente, justo en el momento. Era un ser humano con un corazón enorme pero, con sentimientos encontrados hacia sus amores y afectos. Bueno, era un ser humano.

Fue una excelente hija, buena hermana y estupenda y generosa tía. Y por supuesto, entregada y solidaria amiga. Supo cultivar tantas amistades que hoy, luego de 40, 30, 20 o 10 años, o quizá en un solo día de amistad, cada amigo y amiga podría contar entre sus anécdotas de vida, historias en las aparecerá inevitablemente la figura de nuestra querida Aurora.

Nuestra amistad fue intermitente, pero no lejana. De sube y baja pero, sólida y afectuosa. Luego de algunos años juntas y de nuestro último viaje de trabajo que tuve el gusto de compartir con ella, esta vez  a Cuba, allá en el 79, tuve la oportunidad de irme del país algunos años, y ella, siguió cosechando éxitos en el quehacer periodístico. Yo en Europa estudiando, ella en la ciudad de México creciendo, tomamos rumbos diferentes.

Nos reencontramos quizá en la época más feliz de su vida amorosa. Luego de una pausa, nuevamente nuestros caminos divergieron. Ella sequía enamorada yo, enfrascada en cimentar un hogar, una familia, unos hijos. Nuevamente, nuestras vidas tomaron rumbos diferentes.

Siempre que se pudo nos vimos, de la misma manera hablamos por teléfono en muchas ocasiones, la encontraba aquí en el estado cuando era invitada por el gobernador en turno. Otras tantas en la ciudad de México, su ciudad. Siempre los encuentros fueron con afecto, cariño y respeto mutuo.

 Aurora tenía tantas amistades y afectos como estrellas tiene el cielo en su mejor momento. Tenía un bien ganado público que la seguía, ya fuera en los medios en donde escribía o, en su cuenta de la red social del Facebook, en donde por cierto nos reencontramos la última vez, hasta su rápida enfermedad y su posterior muerte. Todos la extrañaremos.

Con su partida me hizo recordar a tantos amigos y colegas de aquella época de oro del periodismo nacional y no pude dejar de derramar más de una lágrima. Sentí nostalgia. Por los que se fueron, o adelantaron y por los que están y no veo. Quizá son los años que ya pesan. La partida de Yoyis, abrió un sentimiento que el sub consciente y alma me tenían guardado y me hizo recordar de golpe, la fragilidad de la vida.

Curiosamente fue en enero cuando partió también otro gran periodista, mi buen amigo Juan Emilio Caltzonzin. “El bajo mundo de la grilla” dejó esta vida hace ya 2 años, justo hace unos días los cumplió. Lo recuerdo con cariño y nostalgia.

Ninguna muerte nos parece justa, y la de Aurora es una de ellas. Porque aún era joven. Porque era un ser querido. Porque era un ser valioso y porque nadie o al menos la mayoría de los que la conocíamos, podemos creer aún que su partida haya sido, por haber contraído el virus de la influenza.

Si, Aurora murió de ese terrible virus disfrazado de gripa, el mismi  que hace algunos años provocó que una amenaza epidemiológica moviera los cimientos de la economía nacional. Una conmoción pública que al parecer tratan de evitar se de a conocer por quienes saben que el virus está ahí, latente, amenazador, esperando actuar como lo hizo con mi amiga.

No respeta clases sociales ni económicas, simplemente te lleva. Que hubiera pasado si Aurora, como los que han padecido esta terrible enfermedad, hubiera tenido una vacuna a tiempo. Quizá, solo quizá, se hubieran podido salvar. Pero como el hubiera no existe.

La Secretaria de salud se ha limitado a declarar oficialmente, que hasta el día de ayer, al menos había 29 muertes –contando la de Aurora creo-, y mil 456 infectados en México por el virus de la influenza A H1N1. Difícil de creer.

En lo que va del 2012 se han registrado más de un millón 273 mil 800 consultas por afecciones respiratorias agudas y siete mil 801 casos de neumonía y bronconeumonía, advirtió la dependencia. Es decir estos casos están a milímetros de la influenza.

El secretario de Salud federal, Salomón Chertorivski, descartó una alarma sanitaria a causa del nuevo brote del virus –porque si lo hay que conste-, aunque admitió que el país está viviendo "la plena época de influenza". Una tan plena que aunque no se la deseamos a nadie, le tocó justamente a Aurora Berdejo Arvizu.

Me entristece pensar en Doña Aurora, su madre a quien Yoyis -como le decíamos de cariño-, cuidaba, protegía y con quien mantenía una estrecha relación. Perder un hijo no es natural me han dicho siempre y, lo creo. Más aún, una madre con una fragilidad física como la de ella. Que decir en estos casos. Más que un abrazo solidario a Guadalupe, Paco y Carlos sus hermanos. Un abrazo afectuoso y doloroso, en mi silencio que dice mucho, sin siquiera mover los labios.

Siempre la recordaré con cariño, siempre en mi corazón. Me reconforta, aunque no me consuela, pensar en que se encontrará con su hermano Daniel y con su sobrino Alejandro, a quien amó profundamente y quien también fue un gran y querido amigo. Con ella se fue una parte de mi pasado.

Oraré por el eterno descanso de su alma. Porque la reunión con sus seres queridos allá en donde sea, reconforte su espiritu Oraré porque su madre y hermanos encuentren consuelo por su partida y oraré porque su recuerdo siempre viva con la misma intensidad en los corazones de quienes la conocimos y quisimos. Descansa en paz amiga!